Historias FAU - Publicado el 08/05/2012 por Francisca Muñoz Méndez, arquitecta

Muchos somos los arquitectos que tuvimos la suerte de tener a Alberto como profesor; un hombre carismático, lleno de energía.

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Muchos somos los arquitectos que tuvimos la suerte de tener a Alberto como profesor; un hombre carismático, lleno de energía. Una persona que nos supo transmitir su pasión por la arquitectura y nos enseñó a entenderla más allá de la espacialidad, de los planos, de las maquetas. Nos enseñó el humor y las mejores metáforas.

Se me vienen a la cabeza muchísimas anécdotas y clásicos comentarios, como el que decía frente a un proyecto de forma simétrica “trabajaste la mitad y lo echaste a perder el doble!”. O me acuerdo de una metáfora en la que relacionaba las ampliaciones de edificios con del dedo chico del pie, según decía, era el dedo que sobraba y se notaba mal incorporado al resto del pie, esto acompañado de una mímica de una señora caminando con chalas y con el pequeño dedo estorbando….. Nos apena mucho su partida, pero al mismo tiempo nos llena de orgullo haber podido disfrutar de sus clases y haber aprendido de él el amor por la arquitectura. Cada tarde de corrección de Taller tenía algún nuevo baile, o nueva canción, o cualquier tipo de recurso para explicar y enseñar los distintos proyectos.

 






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